06 Oct Por qué hago escritura intuitiva y cartas astrales
Escribo desde niña. Antes de saber nombrarlo, ya intuía que algunas palabras no nacían solo de mi cabeza: llegaban. Y al escribirlas, algo dentro de mí se ordenaba. Hoy sé que no es algo solo mío: la psicología lleva décadas estudiando, con el psicólogo James Pennebaker como pionero, cómo poner por escrito lo que sentimos nos ayuda a comprenderlo.
Con los años entendí que todas las personas nos hacemos preguntas cuyas respuestas, de algún modo, ya nos habitan. A veces no queremos escucharlas. Otras veces están cubiertas por capas: el ruido, el miedo, lo que se espera de nosotras. Pero debajo de todo eso sigue latiendo la intuición, esa conexión genuina con una sabiduría más honda, una fuente a la que cada tradición ha dado un nombre distinto.
Me enamoré de la astrología porque es un lenguaje: un sistema simbólico que traduce lo invisible en algo que nuestra mente puede comprender. No soy la primera en verlo así. Carl Jung, uno de los padres de la psicología moderna, escribía a Freud en 1911 que sus noches estaban «muy ocupadas por la astrología», y llegó a describirla como «el compendio de todos los conocimientos psicológicos de la Antigüedad». Más tarde, la analista junguiana y astróloga Liz Greene cofundó en Londres el Centro de Astrología Psicológica, donde la carta natal se lee no como un destino escrito, sino como un mapa de la psique: de sus tensiones, sus heridas y sus potenciales.
Lo mismo me ocurre con los lenguajes simbólicos y oraculares. Jung escribió el prólogo de la edición inglesa del I Ching traducido por Richard Wilhelm y dio nombre a la sincronicidad: esas coincidencias significativas en las que lo de fuera parece responder a lo de dentro. Un símbolo no da órdenes. Despierta algo en el inconsciente y abre posibilidades que la mente racional, por sí sola, no alcanza a ver.
Por eso la respuesta casi nunca es un sí o un no. A veces es descubrir qué necesitas transformar para llegar a donde quieres ir. A veces es poner nombre a un bloqueo. Y a veces es reconocer un potencial que llevabas tiempo sin mirar.
Hago esto porque quiero que más personas se acerquen al lenguaje de lo sutil. Que descubran que sus preguntas tienen respuesta, aunque no siempre sea la que esperaban. Y que, al leerla, escrita a mano y solo para ellas, sientan que algo dentro se ordena. Como me pasó a mí.